¿Es el vino un alimento?
Pues sí, ciertamente es un alimento, porque aporta elementos que participan en el cumplimiento de las necesidades funcionales del organismo. Pero ojo, no es un medicamento, sino un nutriente con efectos potencialmente beneficiosos para la salud.
Pero antes de adentrarnos en el tema nutricional del vino voy a explicarles como se obtiene:
La única especie de vid de Europa cuyas uvas se utilizan para la elaboración del vino es la «Vitis Vinifera», que tienen muchas variedades. Éstas van a depender de varios factores, como son el clima, el lugar donde se localizan, el tipo de suelo, etc. En los últimos años se tiene tendencia a recuperar variedades de uvas autóctonas; en todo el Norte se cultivan variedades de uvas que se utilizan para hacer vinos tintos, blancos y rosados, desde Galicia, con sus vinos blancos o tintos, pasando por Asturias, donde se encuentra vino en la zona de Cangas del Narcea, Castilla-León,  País Vasco, con sus Chacolís (Txacolí en eusquera), La Rioja, Navarra y la Ribera del Duero, son zonas vitivinícolas por excelencia de toda España.

Para la elaboración de los diferentes tipos de vinos se utilizan diferentes uvas; así, para el vino tinto se utiliza uva tinta, para el vino blanco uva blanca y para los vinos rosados se utilizan o bien uvas tintas o una mezcla de uvas blancas y tintas, con mayor proporción de uvas tintas.
Para obtener el vino tinto la principal característica es que la piel de las uvas no se separa del mosto sino que tiene que fermentar con él, porque es donde se encuentra la sustancia que aporta el color al vino ya que la carne o la pulpa de la uva es blanca. Cuando se trata de vino blanco sí hay que quitarle la piel para el proceso de fermentación, para que no le dé color y para el vino rosado hay que dejar el mosto que macere con la piel pero durante un tiempo más corto  que el vino tinto, pues debe tener menos color.
Teniendo estas ideas claras, quiero explicarles la parte que corresponde a Nutrición, pues la que corresponde a elaboración y calidad del vino  la dejo para los enólogos que de eso saben mucho más que yo.
En los últimos años se  han publicado una serie de estudios científicos en los cuales se demostraron  que beber moderadamente es beneficioso para la salud. Todo comenzó después de un estudio realizado por la OMS (Organización Mundial de la Salud) que se llamó Estudio MONICA (Monitoring Trends and Determinants in Cardiovascular Diseases)  realizado en el año 1989. Éste confirmó que las tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares en Francia eran mucho menores que en otros países industrializados como USA y el Reino Unido, pese a que el consumo de grasas saturadas y los niveles de Colesterol plasmático son muy similares tanto en Francia como en el Reino Unido o en USA. A esta situación se le llamó «Paradoja francesa»; su explicación se encontró en que la alimentación de los franceses era muy rica en verduras, fruta y vino. Se demostró que en la alimentación de los franceses aparecía un consumo «moderado» de vino que da lugar a un contenido elevado en compuestos polifenólicos naturales antioxidantes.
Estos compuesto fenólicos antioxidantes son fundamentales para prevenir ciertas enfermedades, como por ejemplo las cardiovasculares debido a que protegen a las lipoproteínas de baja densidad, las LDL o también llamadas coloquialmente Colesterol Malo, de que se oxiden y por tanto de la iniciación del proceso de ateroesclerosis.

También se ha atribuido que entre los mecanismos responsables de los efectos cardioprotectores del vino en los bebedores moderados se encuentra una elevación del Colesterol HDL, o Colesterol Bueno, sobre todo de sus fracciones HDL2 y HDL3 y también una disminución de la agregación plaquetaria.
Pero se preguntarán ¿qué son los Polifenoles? Son un grupo de compuestos que se encuentran en la naturaleza que son necesarios para el funcionamiento de las células vegetales y que se encuentran en las frutas, como la manzana, en las verduras, como la cebolla y en bebidas, como el vino y también en el té.
La composición del vino es muy compleja, pues tiene unos 500 compuestos fenólicos conocidos de los que la mayoría provienen de la uva y de su proceso de fermentación. Los encontramos sobre todo en la piel (un 30%), en las pepitas (un 60%) y en menor cantidad en la pulpa (un 10%).
Ahora bien, la cantidad y calidad de polifenoles de la uva va a depender principalmente del tipo de vid, del clima, del terreno y de cómo se cultiva.
Entre los principales polifenoles tenemos los flavonoides, que tienen efectos muy beneficiosos sobre nuestro organismo. A parte del poder antioxidante, tienen una actividad antiinflamatoria, antialérgica, antitrombótica, antimicrobiana y antineoplásica; pero siempre y cuando sepamos su biodisponibilidad, o sea, que sea estable en el tubo digestivo que se absorba y que llegue a tener unos niveles circulantes significativos. Hasta ahora los estudios de biodisponibilidad son muy escasos y no permiten conclusiones definitivas.
Los vinos tintos tienen más cantidad de polifenoles que los vinos blancos. Esto es debido a que para la elaboración de los vinos tintos se utiliza tanto la piel y la pulpa como las pepitas, mientras que para el vino blanco se utiliza sólo el jugo de la uva, quitando la piel y las pepitas antes de que se produzca el proceso de fermentación.
El color del vino se debe a unas sustancias flavonoides llamadas antocianidinas, de las que forman parte los taninos,  que se encuentran en cantidades elevadas en el vino tinto.
Otra sustancia de la que se habla mucho últimamente es el Resveratrol, otro compuesto de los muchos polifenoles que tiene el vino. Pero debido a que es una sustancia que actúa como fungicida y es inducido por infecciones  su presencia y niveles pueden ser muy variables.
Está demostrado que las propiedades antioxidantes del vino se deben a sus componentes polifenólicos; el vino que no los contenga pierde dicha actividad.
En el año 1995 se realizó el estudio «Copenhagen City Heart Study» en el cual se demostró que el consumo moderado de vino, no de cerveza ni otros alcoholes destilados, se asocia a una menor mortalidad por enfermedad cardiovascular, menor mortalidad cerebrovascular y menor mortalidad en general.
Se hicieron estudios sobre la calidad de envejecimiento en mujeres con un promedio de edad de 65 años y se vio que las mujeres no fumadoras que bebían de forma moderada (2 copas al día) tenían mejores funciones físicas que las abstemias.
El consumo elevado de alcohol siempre se ha asociado a osteoporósis, ya que la mayoría de los estudios se realizaron en alcohólicos crónicos con un estado nutricional deficiente y fumadores. Sin embargo  en los estudios realizados en bebedores moderados se demostró que presentaban una densidad ósea mayor, sobre todo en mujeres postmenopaúsicas. En un trabajo reciente se analizó la densidad ósea en  hombres y mujeres con una edad de 60 años y se encontró que los hombres que bebían 2 copas y las mujeres 1 copa al día tenían una mayor densidad ósea en la cabeza del fémur y en la columna vertebral. Un estudio sobre alcohol y artritis reumatoide demostró que las mujeres postmenopaúsicas que consumían 2 copas de alcohol al día tenían un menor riesgo de desarrollar esta enfermedad.
También se han hecho estudios sobre el efecto psicológico beneficioso en personas de edad que consumían alcohol de forma moderada. Se encontró que el consumo de alcohol está relacionado con el estrés y la depresión. Tanto los abstemios como los que lo consumían en exceso se deprimían con mayor facilidad, sobre todo cuando tenían una situación de estrés; en cambio los bebedores moderados reaccionaban mejor frente a estas situaciones, sin llegar a caer en estados depresivos.
Se han analizado los estudios llevados a cabo en los últimos 35 años sobre Alcohol y riesgo de Cáncer Colorectal, donde se evidenció que las personas que bebían más de 2 copas de vino al día  presentaban un riesgo mayor de padecer dicha patología  y que este riesgo aumentaba más con el consumo elevado de cerveza y otros alcoholes destilados.
Otro tipo de cáncer que se ha relacionado con el consumo de alcohol es el cáncer de mama. Se llegaron a estudiar y revisar 38 investigaciones relacionadas con dicha enfermedad y  se llegó a la conclusión de que no hay datos  suficientes que demuestren que el consumo de alcohol es el causante del cáncer de mama en las mujeres bebedoras. Concluyeron que no se puede determinar la relación entre consumo de alcohol y cáncer de mama,  que se deben hacer estudios más rigurosos.
También se ha estudiado el efecto beneficioso del vino sobre las enfermedades cerebrales vasculares, y se demostró que los bebedores moderados, unos 30 gr. de alcohol al día, o sea, 2 copas, protege de los procesos isquémicos, con la consiguiente disminución de dicha enfermedad. Ahora bien, cuando el consumo es muy elevado, más de 5 copas al día, se incrementa el riesgo de hemorragias cerebrales.
En las personas hipertensas no está contraindicado el consumo moderado de vino en las comidas, ya que éste produce una estimulación sobre las hormonas digestivas que da lugar a una vasodilatación de las venas intestinales, lo cual va a producir al cabo de una hora después de haber comido una bajada de la tensión arterial.
Sobre el aparato digestivo el consumo moderado de vino actúa estimulando el apetito, aumenta la salivación y la secrección de jugos gástricos, con lo cual se contribuye a aumentar el flujo biliar y también ayuda a la evacuación intestinal.
Se han realizado estudios en las personas mayores consumidoras de cantidades moderadas de vino y se vio que la enfermedad de Alzheimer es menos frecuente que en personas abstemias. Por ello aquellas personas mayores, a partir de los 60 años, que tengan por costumbre tomarse una copa de vino con la comida y la cena, no tienen porqué dejar de hacerlo, ya que estas pequeñas cantidades de vino sirven para desencadenar mecanismos fisiológicos que producen una vasodilatación  muscular, lo que conlleva una disminución del umbral de fatiga.
Pero siempre tenemos que tener en cuenta que estos efectos positivos del vino se pueden volver negativos cuando se aumenta la cantidad de vino ingerida.

Quiero recalcar que todos los beneficios que nos puede aportar el vino a nuestra salud están siempre condicionados a tener un consumo moderado, de 10 a 30 gr. de alcohol al día, lo que equivale a 1 ó 3 copas de vino al día. Para ello se debe educar a la población e informar de los efectos dañinos de beber en exceso y de los beneficios que tendremos si bebemos con moderación y de manera responsable.