Antaño fue la abundancia de salmones del Sella el principal reclamo para visitantes de la capital parraguesa; hoy es el piragüismo la actividad que atrae miles de turistas de todas partes. Pero hay otra buena razón «y esta no limitada por la estacionalidad- que justifica por sí sola el viaje a este bello rincón de Asturias: la gastronomía. Que un concejo de 6.000 habitantes a más de 60 kilómetros de las grandes urbes, cuente con tresestrellas Michelin (por fijar una referencia convencional) es un fenómeno excepcional que convierte este pequeño concejo en un referente y punto de encuentro de los amantes de la buena mesa.
Pero no solo de alta  y refinada cocina de autor vive el hombre, y quien visita nuestra región no debe salir de ella sin haberse refrescado con unos culinos de buena sidra, y El Mirador es una de las mejores opciones del oriente asturiano, (dos décadas atrás me hubiera atrevido a escribir que quizás el único con garantía), porque aquí de siempre se profesó por la sidra un respeto reverencial. (Recuerdo que una ocasión  una de mis acompañantes distraídas con la conversación se entretuvo con el culín en la mano más de lo conveniente;  Belisario (padre)  la recriminó con enfado: « ¡A ver! Que no escancio yo pa que se muera la sidra en el vasu»).
La siguiente generación (Belisario hijo) mantiene la norma y en El Mirador siempre se toma buena sidra bien conservada, y bien escanciada (Felix, que lleva un puñado de años en la casa, viste una atractiva y elegante camisa que lo acredita como campeón de Asturias en el 2010); pero esta bebida para bien asentar en el estómago reclama casi siempre una compañía sólida, y aquí ya entra el complemento necesario de la cocina. Desde una tapa de riquísimo hígado al ajillo a una fabada que da la talla, la carta presenta múltiples propuestas basadas en una cocina del más puro corte tradicional elaborada con esmero.
El menú del día ofrece por un moderado precio múltiples opciones que en absoluto desmerecen de las de la carta.