Hermanos Felgueroso, 38-40. Gijón. Tel. 985 380 632

Debo confesar que este es para mí un lugar muy especial. Aquí recibí el primer alimento y mis sentidos captaron las primeras sensaciones. El más primario, el olfato, percibió mucho antes de que pudiera saborearlos, los aromas del vino que mi abuelo Ramiro trasegaba y los de los guisos de mi abuela Petra, La Zamorana, que así era conocida no tanto porque ser este el patronímico de su región de nacimiento «vino a Asturias con siete años-, como por haber dado ese nombre del establecimiento que fundaron a mediados los cuarenta del pasado siglo y a la marca de los vinos que mi abuelo afinaba en barrica, embotellaba y comercializaba.
Pero no tema el lector que la inevitable nostalgia me altere el juicio «por otra parte coincidente con cuantas referencias escritas y verbales encuentro- a la hora de escribir esta crónica y transmitir con la obligada imparcialidad las experiencias gastronómicas más recientes en este restaurante que desde 1973 dirigen con dedicación plena los hermanos Méndez (José y Manuel), manteniendo las más altas cotas de calidad en el producto y reinvirtiendo en una permanente ampliación y mejora de las instalaciones.
La calidad de los productos está siempre garantizada; aquí entra lo mejor que da el Cantábrico en cada temporada. Ciertamente podría recomendarles unos cuantos lugares «lo he hecho y lo continuaré haciendo- donde la calidad del pescado y del marisco es también excelsa e intachable, pero lo que distingue sobre todo a la Zamorana por encima de la incuestionable calidad es la amplísima variedad de la oferta capaz de satisfacer cualquier capricho. Percebes como pulgares, ostras de Arcade, almejas de Carril, oricios, quisquillas, centollo, bogavante, langosta, santiaguinos, o cigalas del Cantábrico, coexisten y forman un monumental bodegón con angulas, cocochas, imponentes meros, lubinas, besugos, virreyes, tiñosos, golondros, chopas»¦ Una oferta para perder el gusto -y dejar el sueldo del mes si uno no se contiene- que lleva aparejado, para la empresa, un riesgo económico cuando la demanda no cubre tan generosa oferta.
Pero poco valdría tanto esfuerzo sin un equipo de cocina que no estuviera a la altura de las circunstancias y el que comanda José Armando Alonso cumple con nota; el pleno respeto a los sabores primarios, no excluye presentaciones actuales o complementos que sustancien y destaquen el ingrediente principal.
Un revuelto de angulas, setas y huevas de «oriciu» abre la degustación con bocados suculentos, conjunción de texturas y sabor intenso que obviamente aportan las huevas coralinas de los equinodermos y me reafirma en el convencimiento de que si la escasez de la angula es una contrariedad, la desaparición de nuestros oricios sería una catástrofe.
El salpicón de bogavante de carne firme y prieta refrescada por una equilibrada vinagreta de crujientes y frescas verduras deja un paladar en las mejores condiciones para saborear otra de las especialidades de la casa: la lubina con verdura, donde al excelso pescado aún le sobra sabor para impregnar de sustancia la textura amable y tierna de la col  hervida. La caldereta basta por sí sola para degustar al tiempo una muestra de los mejores pescados y mariscos, todo en su punto y con un fondo caldoso que hace imprescindible la cuchara para recoger la mejor esencia de un plato redondo.
Se puede acompañar con sidra, pero la carta de vinos ofrece una esplendida selección de prestigiosas etiquetas nacionales e internacionales, tanto para acompañar mariscos y pescados, como carnes «bien representadas en la carta aunque hayamos prestado toda la atención a los productos del mar- o los postres caseros entre los que se puede encontrar lo más típico de la ciudad.
Un sitio, en suma, donde mi abuelo Ramiro que era todo un gourmet, se sentiría como en su casa.