Aunque siempre es una buena opción, cuando Cangas bulle de turistas se agradece especialmente el sosiego que ofrece este restaurante cuya clientela se nutre del propio hotel (La Cepada), público exigente de la zona y sibaritas bien informados.
Desde el elegante y espacioso comedor de planta semicircular —lo que permite que la mayor parte de las mesas se ubiquen junto a los amplios ventanales— se contempla la que fuera capital del antiguo Reino de Asturias con los Picos de Europa como fondo.

La propuesta gastronómica se basa en buena parte en productos de temporada y una cocina en la que conviven el clasicismo con la cocina tradicional y guiños creativos; siempre hay buen bacalao y algún pescado de temporada, pitu de caleya y por supuesto, una fabada como Dios manda, a la que se unen excelentes quesos locales.

Cada visita depara alguna sorpresa; propuestas novedosas marcadas por la estación o el mercado y a veces por nuevos actores que dentro las directrices marcadas por la gerencia, aportan su propio carácter con alguna creación personal. En esta ocasión, tras unas croquetas líquidas pudimos degustar un refrescante salmorejo coronado con sardina marinada, un sutil y delicado carpaccio de boletus con crujientes láminas de almendra al que siguió una golosa deconstrucción de una tortilla de bacalao para terminar con un lomo de cordero asado a baja temperatura.

La repostería se cuida con mimo; vistosas presentaciones y sabores sutiles que sirven de brillante colofón a una grata experiencia.

La puesta en escena y los detalles se cuidan al máximo (aceites de máxima calidad y variedad de panes artesanos).

La bodega, que se puede contar entre las mejores de la región, guarda vinos singulares y poco frecuentes en las cartas. En esta ocasión pudimos degustar una de las escasas botellas que quedan del Dorado 3 lustros, un albariño portugués elaborado con un coupage de trece añadas, perfecto compañero del menú.

Avda. Contraquil, s/n. Cangas de Onís.
Tel. 985 84 94 45