Puerto de San Isidro, 17. Junto a Centro Comercial Los Prados (Oviedo)

En el viejo bodegón que en 1955 surtía al vecindario de vinos a granel, al tiempo que servía de punto de encuentro de los paisanos del barrio que allí celebraban sus largas tertulias entre vinos y el frugal tentempié de unos cacahuetes, algo empezó a cambiar cuando llegó Rosario y trasladó al local los mismos guisos que con  cariño preparaba en su casa. La gran especialidad eran los callos, hechos con minuciosa dedicación y que pronto alcanzaron merecida fama, a la que se fueron agregando otros guisos y potajes caseros: fabada, pote, pitu de caleya…
Cuarenta años después Rosario sigue en la cocina de un establecimiento -ahora gestionado por su hijo Miguel- muy diferente al original en todo, menos en la autenticidad de los mismos guisos caseros a los que paulatinamente se fueron agregando nuevas especialidades, pero siempre con el marchamo de una cocina sencilla y gustosa, elaborada con géneros de calidad y a precios razonables.
El local de cuatrocientos metros, destaca tanto por la calidez de su decoración neo rústica, como por la acertada distribución de espacios, recoletos y acogedores, que hacen posible  no sentirse desamparado cuando hay poca ocupación, ni agobiado cuando el restaurante está a rebosar.
Dos vinaterías, una para fumadores (que ofrece también una buena selección de cervezas) y otra para no fumadores, y sendos comedores, donde además de los inexcusables callos de la casa se puede tapear con un delicado y sabroso pastel de morcilla, el original pastel de pulpo o el más popular de cabracho; selectos embutidos y chacinas o la impecable fritura de chipirones.
Los guisos de siempre de la casa (Fabada, Pote, Pitu de caleya, rabo de buey o suculentas aportaciones como la Merluza con gulas o las Uñitas de cerdo con langostinos donde la melosidad de la fina casquería se refina con la frescura del marisco en un armonioso equilibrio.
Las dos bodegas están perfectamente acondicionadas para guardar más de 250 referencias de vinos de las más diversas procedencias, por lo que es bueno dejarse aconsejar por el sumiller que sabrá encontrar el acompañamiento más adecuado a la comida elegida.
Un servicio atento, con un  mesurado guiño de complicidad con el cliente, contribuye a conseguir un clima acogedor y distendido, donde todo el mundo puede disfrutar de una copa, una buena comida casera o el asequible menú del día con una oferta diaria tan amplia que permite componerse un menú casi a la carta.