Fundada en el año 1845 como popular fonda y casa de comidas (primero como Casa Campanal), esta antigua casa de postas cobija buena parte de la historia de Avilés.

Aquí celebraban sus acuerdos los ganaderos y tratantes que acudían al mercado de ganados que se celebraba en lo que hoy es el parque y plaza del Carbayedo, ante los reconfortantes guisos que cocinaba la célebre “María la Tata”.

A Juan Rivero Santamaría, su propietario desde hace tres décadas, hay que reconocerle la  muy meritoria labor de reformar el local manteniendo su esencia original, tanto en su aspecto físico como culinario.

Restaurante CASA TATAGUYO. © JORGE PETEIRO. Avilés, 16/09/2013.

El primero se evidencia nada más entrar en el viejo “chigre” de suelo de cemento, estanterías de madera reseca y retorcida por el paso de los siglos y largas mesas corridas ante las que se van acomodando entremezclados los comensales en un clima que propicia el “buen rollo” y la camaradería; del segundo dan fe los callos de la Tata y la longaniza del cocido de patata representan las especialidades de siempre de la casa.

Uno de los platos más solicitados era el cocido de garbanzos, y su ingrediente más apreciado por los clientes, la longaniza; al punto de que no eran pocos los que postergaban o  incluso desechaban la legumbre, por lo que se dio en servirla aparte acompañada simplemente con unas patatas, una pizca de pimentón y un hilo de aceite de oliva. Imperdonable salir de esta casa sin probar —siquiera una degustación— de este original embutido tierno y meloso que se funde en la boca.

El entrañable ambiente antañón de la planta baja se complementa con el elegante y confortable comedor de arriba, y las recetas ancestrales con las de una cocina clásica y tradicional adaptada con técnicas actualizadas y algunos toques originales.

Muy recomendable el pescado: las mejores piezas de la rula local o las más próximas  (virrey besugo, lubina) horneados con punto  impecable, platos regionales como las cebollas rellenas de bonito, o el rollo en su temporada, patatas rellenas de picadillo de ternera, pimientos rojos naturales rellenos de ternera guisos y potajes de cuchara que varían cada día de la semana y variedad de entradas frías o calientes.

Hay variedad de carnes de orígenes y elaboraciones para satisfacer todos los gustos; desde un tradicional boliche de ternera asado, el clásico tournedó, entrecot o solomillo que se pueden acompañar al gusto de salsas de Roquefort o pimienta, carnes de pato hasta asados de lechazo y cochinillo.

Esmerados postres caseros redondean una carta variada y asequible a todas las clases, bolsillos y gustos, completada con una notable y actualizada bodega de vinos y un espectacular surtido de espirituosos capaz de complacer cualquier capricho.