Cabrales, 29. Gijón. Tel. 985 340 787

«Como cada año, con ocasión de la ceremonia de entrega de los premios Príncipe de Asturias, me acerqué a Gijón para cumplir con una obligada cita gastronómica en el mejor chigre del mundo, el de mi amigo Ataulfo en la calle Cabrales»
Cito de memoria esta hiperbólica y fervorosa declaración del periodista y escritor canario Juanjo Armas Marcelo en una crónica para un programa que RNE emitía la madrugada de los domingos desde Washington para España y América -presumo que grabada después de una abundante pitanza regada con la adecuada proporción de sidra- como muestra de la fama de ésta casa, donde ciertamente no es extraño coincidir con personalidades del mundo de la cultura, la política y el espectáculo, obsequiados por sus anfitriones gijoneses.
Yo, que por razones de vecindad paso varias veces al día ante el escaparate de Ataulfo, y algunas con la parsimonia que me impone Ronny, mi Yorkshire ya entrado en años, me detengo ante el «sapin» (rape de pequeño tamaño) que desnudo de su piel parece mirarme con ojillos vivarachos, la merluza de turgente piel plomiza que con sus grandes mandíbulas y afilados dientes trata de aparentar una ferocidad que disimule la delicadeza de su carne, el virrey de grandes ojos bobalicones y bonitas escamas sonrosadas, o el majestuoso rodaballo; pero al contrario de lo que le ocurría a Julio Camba con aquel Besugo madrileño (no por nacimiento, sino por su prolongada residencia en aquel escaparate de la capital del reino) no llego a trabar ningún vínculo sentimental con ninguno de ellos, pues al día siguiente ya han sido relevados por otros congéneres que pronto correrán igual suerte y acabarán en las mesas transformados en jugosos fritos o tratados en la plancha o el horno con la mínima e imprescindible manipulación culinaria (conviene advertir al hacer la comanda sobre el punto de cocción que guste, especialmente si se prefieren las cocciones breves).
Advierto al lector no avisado, al que la apariencia sencilla y desenfadada del local pudiera llevar a engaño, que tan precioso género, igual que las imponentes y delicadas cigalas o los sabrosísimos percebes, tienen su correspondiente repercusión en la factura. Absténgase así mismo quien busque un ambiente recoleto y silencioso; pero quien guste del ambiente desenfadado y bullanguero del chigre asturiano, tiene ocasión de elegir en la carta de tapas viandas menos onerosas, o el plato de cuchara de cada mediodía, donde la modestia de los géneros se compensa con las habilidades guisanderas de Rosi, la esposa de Ataulfo; como las deliciosas patatas con fréjoles que me tocaron en suerte; suaves, con las vainas tiernísimas y perfectamente peladas, y el sabor inconfundible de la huerta asturiana; un sustancioso y delicado guiso al más puro estilo hogareño, como el hígado de ternera, que me evoca recuerdos del que de niño preparaba mi abuela y que entonces era incapaz de tragar aunque bien podía mojar una barra de pan en aquella salsa, como la de Rosi golosa, con la cebolla rehogada lentamente y un excitante punto picante.
Debo recomendar (si gustan de los sabores intensos) el Pastel de centollo con escabeche y anchoas, exquisito tronco de bonito levemente escabechado y excelentes anchoas, que enmarcan el recio sabor de un pastel de centollo que nada tiene que ver con las infinitas variantes e imitaciones del pastel de cabracho de Arzak , sino una recreación original y muy personal de lo más sabroso del crustaceo: el carro, transformado en untuosa crema.
Riéguelo todo con refrescante sidra escanciada por el esforzado y servicial equipo de camareros que a velocidad de vértigo se afana por atender a la nutrida clientela que habitualmente abarrota el local.