por Luis Javier del Valle

El turismo es una actividad ligada al ocio, e intrínsecamente relacionada con el estado del bienestar, que ha tenido un gran desarrollo en las últimas décadas, siendo difícil relacionar todos los tipos de turismo existentes. Entre los más destacados, se pueden citar clásicos como el artístico, aventura, cinegético, comercial, cultural, diversión, etnográfico,  montaña, museístico,  naturaleza, negocios, pesca, religioso, rural, salud y sol y playa. Pero también otros considerados emergentes, como el agroturismo, activo, cinematográfico, cicloturismo, ecoturismo, mototurismo u otros como el exclusivo espacial. Tantos tipos, que ya existen dos ciencias desarrolladas para su estudio: la turismologia y la excursiologia.

La gastronomía no está exenta de ser un foco turístico, sino más bien todo lo contrario, siendo el que gira en torno a la misma uno de los más emergentes. El agroturismo, como diversificación del turismo rural, que permite conocer experiencias y productos de la vida rural campesina. El enoturismo, especializado en el conocimiento del sector vitínicola. El gastronómico, con prestigiosos y prestigiados restaurantes emblemas de localidades; concursos; jornadas y eventos gastronómicos o rutas gastronómicas, son algunas de las sub actividades del mismo. Sub actividad a la que se ha sumado recientemente, la que se puede denominar QUESOTURISMO.

Actividad turística connatural del turismo rural, del agroturismo,  de experiencias y de naturaleza, diversificadora de todos ellos, y que acerca, muestra y profundiza en el conocimiento de la materia prima y las elaboraciones queseras, a través de diferentes tipos de experiencias.

El devenir social, las nuevas tendencias de viajes, con escapadas de fin de semana, puentes y períodos más cortos vacacionales, que se realizan en la segunda década del siglo veintiuno, ha generado esta nueva forma de realizar turismo. Década en la que las nuevas tecnologías imperan e Internet es la fuente a la que acuden muchos viajeros, de la que se retroalimentan para obtener información y planificar sus viajes.

Sólo basta pinchar las palabras “turismo de quesos” en cualquier buscador de Internet, para encontrar las más variopintas ofertas turísticas relacionadas con este producto agroalimentario, tanto a nivel regional, nacional como internacional.

Ofertas en las que las visitas a explotaciones ganaderas, zonas de pasto, queserías, museos o realización de catas, se complementan o complementan con actividades de aventura, cicloturismo, culturales o de senderismo. Algo inimaginable años atrás y que ha convertido a este tipo de oferta turística, en una especie de carrera de fondo de prácticamente todas las Comunidades españolas por captar a los ávidos visitantes y por ubicar las mismas como referencia nacional en la materia.

La gran variedad de quesos españoles, y la importancia de este sector en la economía nacional no es cuestionable y se traduce en la existencia de veintiséis tipos protegidos con el distintivo de Denominación de Origen Protegida por la Comunidad Económica Europa, pertenecientes a trece de las  diecisiete Comunidades autónomas en las que está vertebrado el Estado español, independientemente de que en las mismas se elaboren otros tipos sin ningún tipo de protección o con marcas específicas. Andalucía, Aragón, Madrid y Valencia, son las que no tienen ninguna de las allí elaboradas con la mencionada protección. Y en todas las Comunidades, en mayor o menor medida, existen políticas y campañas turísticas enfocadas a poner en valor las elaboraciones que allí se realizan.

De sobra es conocido que el Principado de Asturias es la que mayor número de tipo de quesos tiene por superficie, no solo de España sino también de Europa, y que también lidera –junto con Galicia- con cuatro Denominaciones de Origen este peculiar ranking nacional, superando a está al contar también con una de las dos Indicaciones Geográficas Protegidas existentes.

Cuarenta y nueve, de los setenta y ocho concejos en los que está vertebrado el Principado, cuentan con al menos una quesería –bien sea artesanal o industrial-, el equivalente al sesenta y tres por ciento del total, lo que recalca la importancia del sector y su nivel de incidencia en las economías locales. Cifras más que importantes que sirven, y sobre todo debe de servir y ser utilizadas, como fuente de riqueza alternativa con políticas dinamizadoras que permitan revertir los beneficios que de ellas se obtengan en otros sectores económicos.

Desde el Gobierno del Principado de Asturias, han sido varias las medidas adoptadas y los programas puestos en marcha en estos últimos años, para fomentar el turismo gastronómico en general y el de los quesos en particular. Entre ellos, el denominado “Saboreando Asturias” y en la actualidad con el denominado “10 sabores para comerse Asturias”. Campañas a las que hay que sumar alguna realizada de forma puntual por concejos, como ha sido el caso de LLanes, interrelacionando rutas turísticas y quesos.

Saboreando Asturias”, el más importante, fue un programa vigente entre 2009 y mediados del 2015, recientemente finalizado, entre cuyos fines figuraba potenciar el desarrollo del turismo experiencial, con una oferta turístico-gastronómica, dividida en cinco rutas temáticas, con la participación de más de 300 empresas turísticas y 67  agroalimentarias. Una de esas rutas era la denominada “de los quesos y la lechería”, que incluía posibles visitas a 17 queserías diseminadas por toda la geografía asturiana, a tres museos y tres actividades.

10 sabores para comerse Asturias” entró en vigor en diciembre de 2014, con el objetivo de promocionar, ayudando al consumidor a identificar los productos de calidad diferenciada, con características singulares y protegidos con reconocimientos europeos o marcas de calidad. Las Denominaciones de Origen Protegidas: queso de Afuega´l Pitu, Cabrales, Casín y Gamonéu, forman parte del mismo, no así la IGP queso de los Beyos.

Programas ambos, que personalmente, considero positivos en cuanto su concepto, desvirtuados en cuanto su funcionamiento, y con una incidencia directa e indirecta mínima. Exceso de intervinientes en la gestión, que se convirtió en una bolsa de financiación de proyectos municipales; falta de rigor en contenidos e incidencia en públicos y mercados objetivos prioritarios, han marcado el primero. Escaso presupuesto, que incidió en un déficit promocional, publicitario y de acciones directas, está marcando el segundo.

El QUESOTURISMO no sólo es posible, es necesario en el Principado de Asturias. Existen recursos más que suficientes, se trata de ponerlos en valor, facilitar el acceso a los mismos y darles la promoción necesaria.

Nuestra extensión como Comunidad, apenas llega a los 10.000 kilómetros cuadrados, pero nuestra riqueza natural, cultural y gastronómica es infinitamente más grande exponencialmente a nuestra superficie. Son muchos los valores y recursos, que aún no están siendo aprovechados ni explotados, y ahí es dónde nuestros políticos y administraciones deben de incidir, salvando los localismos –por desgracia aún muy presentes- y teniendo claro el objetivo a conseguir y definiendo los medios necesarios para ello. El plan estratégico turístico del Gobierno del Principado del período 2013-2015, parecía una buena base de trabajo, sin embargo coleteando ya con sus últimos meses de vida, su aportación real ha sido más bien escasa.

Nuestra gastronomía es en todas las encuestas a visitantes la tercera opción más valorada desde hace muchos años, y nuestros quesos son uno de su sustento. Poner en valor esta singularidad es la asignatura pendiente, hay que conseguir que nuestra tierra sea vista, olida y paladeada por el visitante, y que éste sea nuestro mejor prescriptor.

Asturias es pionera a nivel nacional en la puesta en marcha de ferias y certámenes queseros. La que se celebra en Cangas de Onís el día del Pilar -12 de octubre- con el nombre de “Feria de los quesos de los Picos de Europa” ha cumplido en el 2015 sus 75 años de existencia. El “Certamen del queso Cabrales” que se celebra en Arenas de Cabrales cada último domingo del mes de agosto, ha celebrado su cuarenta y cinco edición.  En la actualidad, se celebran certámenes monográficos de seis quesos y doce ferias genéricas queseras, a lo largo y ancho de nuestra geografía.

Certámenes y ferias, que son ejemplo del turismo de interior, que acuden a su reclamo y son un importante soporte comercial y económico para las localidades de celebración. Ellos pueden y deben de ser un buen lugar de partida del diseño, al ser su mejor ejemplo.

Una correcta promoción y publicidad allende de nuestras fronteras permitirá divulgar las mismas, su historia y su elemento diferenciador. Ejemplos como las ferias que se celebran en Trujillo (Badajoz), Pesquera (Cantabria) o Ordizia (Guipúzcoa), auténticas referencias nacionales, a las que acuden expositores internacionales, pueden ser buenas referencias, y más si tenemos en cuenta que las dos primeras comenzaron en 1985 y 1995, no así el último, que este año ha celebrado su cuarenta y dos edición.

Y para nada es descartable apostar por eventos internacionales, que den una dimensión exterior a las muchas elaboraciones que aquí se realizan, como el World Cheese Awards, que ya ha celebrado una edición en España, en el 2009 en Gran Canaria y en el año 2016 se celebrara en San Sebastián.

El eslogan “Paraíso natural”, aún muy válido para el que suscribe, encuentra en la infinidad de rutas de senderismo y de montaña existentes, a uno de sus mayores sustentos. Si otras Comunidades han creado rutas de estas características en torno a su queso, como por ejemplo la del Idiazábal o la del Payoyo, ¿por qué no desarrollarlas aquí? Muchas de las existentes están en el entorno de queserías, una simple modificación o alternativa, permitiría enriquecer por un lado la ruta y por otro dar a conocer las mismas y sus elaboraciones.

Nuestras montañas, majadas y zonas de pastos comunales, son el hábitat natural de la ganadería que surte de materia prima a los profesionales queseros para sus elaboraciones, algunas de ellas con queserías ubicadas en las mismas –como es el caso del Gamoneu- y otras en sus cercanías. Diseñar rutas temáticas –de senderismo o cicloturismo- que permitan la visualización conjunta de ambas, con el suministro de información necesaria, son posibles a un coste asumible y razonable, con un más que factible retorno económico a corto plazo.

Rutas temáticas, como la de la “sidra y el queso” que realizan en Asiego (Cabrales), es extrapolable y debería extenderse a otras comarcas queseras.  Exitosa iniciativa privada, que combina nuestros dos productos agroalimentarios más emblemáticos, con visitas, explicaciones y degustaciones. Todo un ejemplo de buen hacer, auténtico producto turístico complementario, y que permite al visitante profundizar en su conocimiento.

La realización de catas, cursos y degustaciones están en auge, hay un amplio sector de la población que demanda las mismas sobre muy variados productos. Son un perfecto complemento a las visitas a las queserías y a las ganaderías, dan un valor añadido diferenciador permitiendo un mayor conocimiento del conjunto y un sustento económico a los productores. Sin olvidar de la posibilidad de hacer cada uno su propio queso, perfectamente compatible con las propuestas anteriores.

El Cabrales y el Gamoneu, son nuestros emblemas queseros, y los que cuentan con mayor número de elaboradores y queserías. En su elaboración es imprescindible su maduración en cuevas. Cuevas que no son visitables por regla general, algunas de tamaño reducido y apartadas, pero otras susceptibles de serlo. En Cabrales, su  Fundación, tiene entre su oferta la visita a la cueva-exposición, en dónde no hay maduración de quesos, y recientemente –agosto 2015- la Central Lechera Asturiana oferta visitar su cueva el Molín, dónde si hay piezas en maduración,  Gamoneu no cuenta sin embargo con esta oferta.

La posibilidad de visitar las cuevas productoras, es por su peculiaridad y  vistosidad, uno de los mayores reclamos de esta opción turística, y para nada está reñida con las condiciones higiénico-sanitarias ni de conservación de las cuevas. Medios técnicos existen y ejemplos también. El Roquefort está considerado como uno de los grandes quesos mundiales, se madura en cuevas, y las mismas no sólo son perfectamente visitables, sino que es el reclamo para recibir a miles de visitantes año tras año en su ya mítica montaña.

Intrínsecamente ligado con el turismo cultural están los museos, pero también con el sector agroalimentario. En el caso de los quesos son los menos existentes en España, pero en el Principado existe uno, el de la Lechería y los quesos de la Foz de Morcín, que por su contenido bien puede ser un referente nacional y sin embargo languidece en un sótano, que no reúne las condiciones mínimas museísticas, con un elevado volumen de piezas que dormitan en un almacén sin posibilidad de ser expuestas. La desidia de las administraciones regional y local, han motivado un despilfarro de un millón cien mil euros de fondos públicos en habilitar un espacio museístico, rehabilitando las tolvas del pozo minero Montsacro, concluido en el año 2008 y que no sólo no entró nunca en funcionamiento, sino que su puesta en marcha en la actualidad requeriría una nueva y cuantiosa inversión dado el deterioro de las instalaciones.

Un museo de estas características, con unas buenas instalaciones, bien podría ser el nexo de unión conductora de un adecuado planteamiento turístico. Su ubicación en la zona centro, en una comarca con diferentes recursos de nuevo cuño y la cercanía -a poco más de 100 metros del mismo- de una quesería acogida a la DOP Afuega´l Pitu, son argumentos suficientes.

El sector turístico en el Principado de Asturias, cuenta entre sus debilidades, el no explotar aun debidamente los muchos recursos turísticos existentes, una atomizada estructura empresarial minifundista o el poco interés como destino para los grandes operadores e intermediarios internacionales. Y tiene entre sus fortalezas, el ser un destino aún no maduro, por ser un sector no desarrollado hasta hace apenas dos-tres décadas, un poder diferenciador en recursos naturales y espacios protegidos, ser pioneros y tener una muy buena imagen en el turismo rural e importantes recursos patrimoniales y de turismo activo.

El QUESOTURISMO, puede y debe, de ser una apuesta del sector turístico. Es susceptible de convertir las debilidades mencionadas en fortalezas, y estas en auténticas oportunidades. Si a ello se suma que no tiene estacionalidad, salvo en contados casos, existen argumentos más que suficientes para ser una pieza más –y de las importantes- en el conjunto de un sector tendente a ser uno de los que más aporte al maltrecho producto interior bruto de la Comunidad.